Bioshock

    bioshock Irrational Games

    A menudo el steampunk se desarrolla en realidades paralelas, futuros o pasados alternativos en los que la sociedad se ha desviado de la ruta establecida creando enteros mundos de vapor. En algunos casos, sin embargo, la incipiente sociedad steampunk se nos muestra como un esbozo, un proyecto fallido que no llegó a florecer y ha sido engullido por el océano. Esto es lo que sucede en la saga de videojuegos Bioshock, desarrollada por Irrational Games (conocida por aquel entonces como 2K Boston). La saga cosechó un enorme éxito, dando lugar a tres entregas que hicieron las delicias de los fans: Bioshock (2007), Bioshock 2 (2009) y BioShock Infinite (2013). Una gran baza de la saga fue su estética, heredera del título System Shock (1994), que imaginó una utopía punk fallida y corrompida por la oscuridad y podredumbre.

    La historia comienza en 1946, donde un magnate objetivista llamado Andrew Ryan apuesta por construir una ciudad secreta, libre de las instituciones políticas, económicas y religiosas cada vez más predominantes tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Así nace Rapture, una ciudad Laissez faire aparentemente utópica construida en el fondo del océano Atlántico y movida a partir de energía geotérmica. Durante los primeros años, la ciudad prosperó y obtuvo avances tecnológicos desconocidos para el mundo de la superficie, ya que Andrew Ryan se encargó de traer a los mejores científicos y pensadores. Incluso se llegó a descubrimientos científicos tan punteros como el ADAM, células madre extraídas de una especie marina anteriormente desconocida que pueden reparar tejido dañado y modificar el genoma humano. Sin embargo, la situación de Rapture comenzó a desestabilizarse, generándose tensiones entre ricos y pobres. Frank Fontaine, uno de los padres fundadores de la ciudad, tuvo una disputa con Andrew Ryan sobre la dirección que tomaría la misma, llevando a una guerra civil y a la decadencia de la sociedad elevada que aparentemente se había edificado.

    Dos décadas después, Rapture no es más que un coloso oculto en medio del océano. Lo que había sido una próspera civilización ahora no eran más que escombros desconocidos por la mayor parte de la humanidad. El juego comienza cuando Jack, el protagonista, tiene un accidente de avión y sufre un amerizaje en medio del Atlántico, siendo el último sobreviviente. Cuando emerge a la superficie, nada entre los escombros hacia lo que parece ser un faro abandonado en medio de la nada. Cuando llega hasta él, descubre estupefacto que es la entrada a Rapture, la ciudad oculta. Le reciben unas estatuas colosales, reminiscentes a películas como Metrópolis, y, mientras baja cientos de metros por el ascensor aún funcional que da entrada a Rapture, podemos oír el discurso grabado hace décadas por Andrew Ryan, y uno de los más icónicos de la historia de los videojuegos:

    Os voy a hacer una pregunta: ¿Un hombre no tiene derecho al sudor de su frente?

    No”, dice el hombre de Washington, pertenece a los pobres.

    No”, dice el Vaticano, pertenece a Dios.

    No”, dice el hombre de Moscú, pertenece a todo el mundo.

    Yo rechacé esas ofertas, yo elegí otra cosa, yo elegí lo imposible, elegí… Rapture. Una ciudad donde el artista no tendría miedo del censor, donde el científico estaría limitado por la mezquina moralidad, donde los grandes no estarían consternados por los pequeños, y con el sudor de tu frente, Rapture también puede llegar a ser tu ciudad.

    Es entonces cuando nos vemos inmersos en la atmósfera decadente y posapocalíptica de Rapture: llegamos a conocer la trágica historia de la ciudad a través de grabaciones de audio desperdigadas a través de la misma, de estancias vacías y cartas escritas por los que fueron sus habitantes. Pronto también descubrimos que la ciudad es más hostil de lo que parece: está llena de splicers, mutantes que una vez eran personas normales pero fueron transformadas por el abuso de ADAM, y ahora son totalmente impredecibles. También conocemos a las Little Sisters, niñas recolectoras modificadas genéticamente para recoger incesablemente el ADAM de los cadáveres que colman Rapture y reaprovechar la valiosa sustancia. Y ese no es el mayor peligro: las Little Sisters siempre van acompañadas por Big Daddies, colosos controlados a vapor con un taladro por brazo. Nuestra misión en el juego será descubrir los secretos de Rapture y salir con vida de una vez por todas, todo esto mientras recibimos los mensajes de radio de un tal Atlas, que nos asistirá en nuestra aventura.

    Como ya se ha mencionado, el juego ha sido bastante laureado por su estética, que es puramente steampunk por momentos, pero también puede recordar al ciberpunk por la modificación corporal a la que se someten los personajes que consumen ADAM. Además, toda la ciudad bebe del art déco, creando una estética muy peculiar y siendo un paradigma del subgénero steampunk art déco.

    No menos sorprendentes son las secuelas: en la segunda entrega volvemos a Rapture unos años después de los sucesos de la primera, solo que está vez no controlaremos a Jack si no a un Big Daddy dentro de la caótica ciudad, con la misión de proteger a nuestra Little Sister.

    Sin embargo, la tercera entrega fue mucho mejor recibida: BioShock Infinte es una precuela que además juega con el revisionismo histórico y la posibilidad del multiverso. Ambientada en 1912, cuenta la historia de Columbia, una ciudad aérea que flota a través de propulsores creada por los Estados Unidos como muestra de poder y progreso, que en 1901 funcionó como arma para acallar la rebelión de los bóxers en Pekin. Desde entonces se transformó en una ciudad desterrada, viajando de continente en continente por los aires y volviéndose una teocracia cristiana. Tendremos que asistir a una revolución en plenas nubes en esta aventura, esta vez sí puramente deudora del steampunk clásico. Esta entrega hará las delicias de todo amante del vapor y la tecnología steampunk en su máximo esplendor.

    La saga es jugable en PC y en las principales consolas, y ha ganado numerosos premios a mejor juego del año.

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